ANIMAR A LOS QUE NOS RODEAN

ANIMAR A LOS QUE NOS RODEAN
 

El escritor cartaginés Tertuliano (ca. 160–ca. 225), refiriéndose a los cristianos primitivos, informó que los paganos exclamaban: «¡Ved cómo se aman los unos a los otros!» La consideración de los cristianos y su interés por los demás se evidenciaban en sus actos, actitudes y palabras.

Según leemos en el Nuevo Testamento, uno de los primeros cristianos, de nombre José, tenía una particular aptitud para comprender y alentar a sus congéneres, tanto es así que los apóstoles le pusieron por sobrenombre Bernabé. Demostró su cordialidad y buen juicio al ser uno de los primeros creyentes que confió en Pablo después de la dramática conversión de este.

El propio Jesús fue una persona que daba ánimo a los demás y los motivaba a crecer. Habló con mucha estima de Natanael en presencia de este. (El artículo Los VIP, en la pág. 15, refiere detalladamente ese incidente.) Otorgó una nueva identidad a Simón, apodándolo Roca, y a pesar de la vehemencia, las debilidades y los fallos que lo caracterizaban le encomendó la sagrada misión de velar por Sus discípulos.

Los seguidores de Jesús tenemos el encargo de obrar como Él obró, de poner de relieve las mejores cualidades de los que nos rodean, de inspirarles confianza en sí mismos y creer en ellos. Cualquier persona puede dispensar ánimo; para ello no hace falta dinero, ni un intelecto privilegiado, ni dotes particulares. De hecho, es un don que nos concede Dios. Basta con tener una actitud atenta y comprensiva.

La Biblia nos enseña que la vida cristiana es como una carrera. Nadie ha dicho que participar en un certamen deportivo —o regirse por los principios divinos— sea fácil. Sin embargo, ¡qué duda cabe!, resulta mucho más llevadero cuando los compañeros nos alientan vivamente. Es energizante.

Además nos hace tomar conciencia del extraordinario efecto que podemos tener nosotros en nuestros semejantes cuando correspondemos el favor.

Tomado de: http://es.letjesushelpyou.com

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